2° Domingo en Cuaresma - Ciclo A - 2026
Автор: Fabián Paré
Загружено: 2026-02-28
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«El Señor dijo a Abram: «Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición.» Génesis 12,1-2
Lecturas completas:
Salmo 121 / Génesis 12, 1-4ª / Romanos 4, 1-5.13-17 / Juan 3, 1-17
Gracia y Paz de Dios a todos ustedes. Amén.
Reflexión:
En Abraham Dios bendice a ‘todos los pueblos de la tierra’, esto nos permite desechar la idea de exclusividad de algún pueblo en particular como único receptor de la bendición de Dios, y también nos permite pensar una idea de pueblo que no está condicionada por los límites geográficos; de modo que podemos entender que Dios puede revelarse y bendecir a las realidades humanas sin condicionamientos de ubicación geográfica, color de piel, edad, contextura física, género, o cualquiera de las excusas con las que solemos condicionar los vínculos en la convivencia. Ahora, ¿qué de Abraham resulta vehículo de la bendición de Dios? se trata de su disposición a escuchar, creer y hacer lo que Dios le pide sin saber exactamente a dónde sería llevado ni el alcance que tendría esta confianza y obediencia volcad en Dios.
Nicodemo representa la quintaesencia del judaísmo (lo más puro), era fariseo, miembro del Sanedrín y rabino; en un momento de la conversación Jesús se refiere a un ‘ustedes’ y un ‘nosotros’, donde ‘ustedes’ tiene que ver con ese formato del judaísmo que Nicodemo representaba, y el ‘nosotros’ tendrá que ver con aquel ‘Israel (pueblo de Dios)’ que Jesús representa, que no solo se distingue de ese judaísmo que no cree en Jesucristo, sino que estará relacionado con lo que es el cristianismo.
Nicodemo reconoce los signos que Jesús realiza y confiesa entender que ‘nadie podría realizar esos signos si Dios no está con él’, a lo que Jesús le plantea que el reino de Dios puede ser visto en los signos o milagros, tal como lo observó Nicodemo, pero solo puede ser experimentado mediante un renacimiento espiritual, y esto es lo que desconcierta a Nicodemo. Este ‘renacer de lo alto’ que Jesús presenta como condición para ser parte de la experiencia del reino de Dios, estará relacionado con aquel alcance de la bendición de Dios a las realidades humanas que se da a través de la fe, como la que tuvo Abraham.
El desconcierto de Nicodemo parece darse por su comprensión del Espíritu, que desconoce aspectos centrales del Antiguo Testamento, Jesús le cuestiona eso preguntándole: ‘¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas?’ la comprensión espiritual del judaísmo no habilita una comprensión de la regeneración espiritual. El nacer de nuevo o de lo alto implicará una confianza de ‘salir’ de los condicionamientos que producen los formatos intolerantes culturales, como aquellos que Abraham dejó atrás escuchando, confiando y dirigiéndose hacia el lugar que Dios le indicaba. Lo que nace del Espíritu no necesita discriminar, matar o maltratar, lo que nace de lo alto no se comporta de forma intolerante, tampoco se considera superior a los demás; el Espíritu de Dios nos libera de la soberbia y necedad, nos dispone al reencuentro con el otro desde la escucha y entendimiento. Aquel judaísmo que se le dificultó comprender la proclamación profética, por ejemplo cuando Dios pedía misericordia y no sacrificios, se encuentra desconcertado ante los signos que Dios realiza en Jesucristo; así como muchas veces nosotros nos sentimos desconcertados cuando Dios nos pide que perdonemos hasta setenta veces siete, o que amemos a nuestros enemigos; que demos buenas nuevas a los pobres; que sanemos a los quebrantados de corazón; que pregonemos libertad a los cautivos, y demos vista a los ciegos, como libertad a los oprimidos; nada de esto es posible que se realice si Dios no está con nosotros.
Dirigirnos o direccionarnos hacia donde Dios nos envía, implica poder abandonar los formatos de intolerancia que rigen en nuestra cultura, y que pretenden dominar en nuestra convivencia, y esto solo puede ocurrir ‘teniendo fe en un Dios que da vida a los muertos y que llama a la existencia a las cosas que no existen’.
Con el Salmo de hoy nos preguntamos: ‘¿de dónde nos vendrá la ayuda?’; nuestra ayuda no proviene de quienes gestionan y administran los formatos de intolerancia en la sociedad, la ayuda nos viene del perdón que por misericordia de Dios recibimos.
Que la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento nos guarde a cada uno en la verdadera fe hasta la vida eterna, amén.
Pastor Fabián, 2° Domingo en Cuaresma – Ciclo A – año 2026.
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