3° Domingo en Cuaresma - Ciclo A - 2026
Автор: Fabián Paré
Загружено: 2026-03-07
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"...El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna."
Lecturas completas:
Salmo 95 / Éxodo 17, 1-7 / Romanos 5, 1-11 / Juan 4, 5-42
Gracia y Paz de Dios a todos ustedes. Amén.
Reflexión:
El evangelista Juan nos presenta una escena con una profundidad simbólica que echa luz sobre algunas cuestiones culturales que hoy siguen atentando contra la vida, es decir, contra la voluntad de Dios.
Jesús se encuentra con una mujer Samaritana en el Pozo de Jacob, se dan dos situaciones inauditas en este encuentro, por un lado, que un rabino dialogue familiarmente con una mujer en público, y por otro que un judío le pida agua a un Samaritano; la rivalidad que existía entre judíos y samaritanos implicaba que los judíos consideraban a los samaritanos impuros, por lo tanto también sus utensilios para comer y beber. Entre los replanteos que este relato propone sobre ciertas costumbres que suelen volverse sumamente rígidas en la cultura humana, Jesús comienza a quitar el peso de ‘impureza’ que recaía en la figura de la mujer hablando en público con ella, pidiéndole que le de agua en el recipiente que ella tenía, y dejando de lado aspectos de su vida íntima y valorando la honestidad y verdad con la que esta mujer se expresaba.
En la conversación hablan sobre el agua, el pozo o fuente del agua, y de forma similar a lo que sucede en la conversación de Jusús con Nicodemo, la mujer samaritana, en su primera interpretación literal no entiende cómo Jesús podría darle de beber cuando no tenía con qué sacar agua del pozo; pero luego hace referencia al pozo de Jacob, considerándolo también patriarca de su pueblo. La interpretación rabínica utilizaba la expresión ‘agua de vida’ para referirse a la Torah (Ley de Dios), a la pregunta de la mujer sobre si Jesús era más grande que Jacob, Jesús responde haciendo referencia a los lugares de donde el pueblo busca calmar ‘la sed’, bebiendo ‘del agua de la Torah’ se tendrá nuevamente sed, pero si se bebe de Cristo nunca más se volverá a tener sed; el agua que Cristo da (la verdad sobre la Ley de Dios), se convierte en manantial que brotará hasta la Vida eterna: lo que la Ley promete, en Cristo se da cumplimiento.
Cuando la mujer le pide a Jesús que le dé de beber de esa agua, Jesús pone en conversación la vida íntima de la mujer, cuestiones sobre las que ella es honesta y responde con la verdad, y Jesús le demuestra que tiene un conocimiento sobrehumano, lo que hace que la mujer lo reconozca como profeta; inmediatamente surge el tema del lugar correcto donde rendir Culto a Dios, el lugar correcto para adorarlo, y Jesús le revela que ni el lugar pretendido por los samaritanos ni el pretendido por los judíos será el ‘lugar’ correcto, y que el lugar correcto será en ‘Espíritu y en verdad’. Aquí hay dos cuestiones muy importantes, Espíritu y verdad no son conceptos que pueden prescindir uno del otro, al contrario, se requieren. Espíritu en sentido Bíblico no define la naturaleza de Dios, sí describe su actividad vivificadora, el Espíritu trae o conduce a la vida, aleja de la muerte, efecto que requiere de la verdad.
La mujer al responder sobre su marido es honesta y se expresa con verdad en su vida cotidiana (esto sería entendido como el lugar correcto donde se adora a Dios), y el encuentro con Jesús permite superar los condicionamientos culturales de ‘impureza’ y cualquier vestigio de discriminación o intolerancia por cuestiones de género o por pertenecer a un pueblo distinto, cuando esto ocurre se puede observar la acción del Espíritu. La mujer dice saber que llegará el Mesías, el Cristo que vendrá y anunciará todo; llamaban al Mesías ‘Taeb’, que significa ‘el que vuelve, el que restaura’, Jesús le dice: ‘yo soy’.
Para restaurar la vida atrapada y sofocada en las realidades culturales signadas por intolerancias, divisiones y violencia, se requiere la acción del Espíritu que surge de Jesucristo que permite superar los formatos de intolerancia, los prejuicios de impureza, las mentiras y engaños, y esto se convierte en un manantial que brota hasta la vida eterna.
La mujer samaritana lleva su testimonio al pueblo, es portadora del mismo mensaje que Felipe (Jn 1,45), las personas creerán primero por su testimonio y luego creerán por lo que ellos mismos ven y oyen. La verdad tiene un componente espiritual que nos conduce a la vida eterna.
Que la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento nos guarde a cada uno en la verdadera fe hasta la vida eterna, amén.
Pastor Fabián, 3° Domingo en Cuaresma – Ciclo A – año 2026.
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