RECONCILIAOS DE MALAS OBRAS
Автор: Grupo Escuela Sabática
Загружено: 2026-02-22
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Domingo, Febrero 22
Lee Colosenses 1: 21, 22. ¿A qué se refiere Pablo cuando habla del alejamiento y la enemistad con Dios? ¿Cuál es el resultado final esperado de la muerte de Cristo (ver también Efe. 5: 27)?
Pablo es consistente en su retrato desfavorable de la humanidad, al menos de la que está alejada de la justicia de Cristo. Hoy, casi dos mil años después, nadie podría cuestionar esa percepción. Alguien dijo en cierta ocasión que la única doctrina cristiana que no necesita ser aceptada por fe es la de la pecaminosidad de la humanidad.
No obstante, y a pesar de nuestra maldad, Dios ha tomado la iniciativa de reconciliarnos con él desde la aparición misma del pecado en el mundo. Dios ha obrado desde el principio para resolver el problema del pecado, aunque la solución solo se encontraba en su propia muerte en la Cruz.
En el Edén, Dios preguntó a Adán, la obra maestra de su Creación: «¿Dónde estás?» (Gén. 3: 9). Y hoy sigue buscando a su única oveja perdida: nosotros. Nos busca uno por uno. Tiene un plan perfecto para alcanzarnos: aplica la promesa inicial del evangelio que aparece ya en Génesis 3: 15 al poner enemistad entre nosotros y Satanás.
A veces, el evangelio se presenta de forma tan complicada y teórica que pierde gran parte de su relevancia práctica para la vida del siglo XXI. No obstante, es muy sencillo y directo.
El evangelio consta de tres partes:
Jesús vino y murió por nuestros pecados, pues somos incapaces de salvarnos a nosotros mismos (ver Rom. 5: 6-8).
Al aceptar su muerte como nuestro Sustituto, somos justificados y liberados de la condenación del pecado mediante la fe, el arrepentimiento y el bautismo (ver Rom. 5: 9-11; 6: 6, 7).
La vida del cristiano que ha sido justificado por la fe en el sacrificio vicario de Cristo es el resultado de su unidad con Cristo, de su poder recreador y de la presencia del Espíritu Santo en nosotros (ver 2 Cor. 5: 17-21; Gál. 2: 20).
Estas tres experiencias no ocurren necesariamente de forma separada, sino que pueden darse simultáneamente cuando aceptamos a Jesús, y pueden ser renovadas diariamente al entregarnos a él cada mañana. Independientemente de cómo haya experimentado cada persona la obra salvadora de Cristo en su vida, el fundamento descansa siempre sobre la muerte de Jesús. Siempre debemos volver a esa verdad.
Cuando evalúas tu carácter y lo más íntimo de tu ser, ¿qué te dice lo que ves acerca de tu necesidad de la Cruz?
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