Victoria Raskolnikov Parte II, Capítulo XXIX, Los Caídos II.
Автор: Quetzalcóatl
Загружено: 2026-01-30
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Domingo 29 de enero del 4433
Subida en la cornisa del ventanal en la cúpula del edificio en el fin del mundo, observé a Victoria en su oficina, hablando con una empleada.
Ella se ha percatado de que estoy aquí, pero espero algunos minutos para que salga la persona con la que habla.
Está vestida con el uniforme oficial que todos deben usar en este mundo, pero ya sabemos que el de ella se distingue por ser el de mayor rango.
En este punto del tiempo, es tomada como La Madre en carne y hueso, mientras la verdadera hacía de las suyas en su forma etérea.
Pero claro, eso no lo sabíamos hasta hace poco.
Cuando abre la ventana, siento que tengo once años de nuevo; la reconozco, aunque claro, es igualita a su otra versión, la que conocí en el Valle de México años atrás.
Pero aunque el parecido físico es innegable, su esencia es radicalmente distinta.
Me río instintivamente y ella me acompaña.
—Vaya, y yo que ya sentía raro que no me atacaras.
Me dice, y ya hemos caminado hasta su escritorio.
—Mierda, hace mucho que no me reía.
Expreso, sosteniéndome el abdomen.
—Estaba tan nerviosa, algo molesta, y luego noté que eres exactamente la misma que cuando te vi la última vez. Y lo primero que sentí fue una risa que regresaría de dejarla.
Explico.
—Estás contenta, eso me alegra. Supongo que tiene que ver, también, con que venciste a La Madre, ¿cierto?
Me pregunta, sirviéndose una copa de vino.
—Sí, no, bueno. Eso no importa mucho ahora, es más bien verte.
La miro algo contenta.
—¿Por qué te fuiste?
Le pregunto sin hacer preámbulo, no por prisa, sino porque ya han sido muchas vueltas.
Ella mira hacia el suelo un momento y luego me mira para contestarme.
—Tuve mucho miedo: de La Madre, de todo lo que tendría que explicarte, de que me odiaras por lo que hice.
Se expresa sinceramente.
—¿Qué hiciste?
Pregunto, aunque ya conozco la respuesta.
—Intenté detener el ciclo de nuestro encuentro, impidiendo que tuvieras hijos, porque creía que tu primera hija sería de nuevo una vida mía.
Así que tomé un arma especial del universo y te herí con ella, de manera que, cuando tu cuerpo se recuperara, perdieras esa capacidad.
Me mira avergonzada un momento y se agacha.
—Cuéntame la verdadera historia de cuando me encontraste.
Lo digo sentándome en el escritorio.
Ella suspira.
—Supongo que ya no hay razón de mentir.
Toma aire y resopla, como dejando de cargar las cosas.
—Era abril del año 4410. Estaba paseando en el bosque; recuerdo que el mundo ya estaba hecho un carajo, como siempre, así que me escondía de todos y vivía sola en la misma cabaña donde creciste.
Esa mañana estaba especialmente aturdida, así que fui a un lugar retirado a meditar.
A mitad de mi proceso sentí algo inminente; me preparé para la batalla, pero solo apareció un portal del otro lado: se veía un caos espacial, una guerra cósmica, de naves con tamaños inmensurables.
En guardia frente al evento, vi entrar a una mujer que volaba con su jetpack mientras cargaba una caja metálica en sus brazos.
Al entrar, soltó el anclaje suavemente y frenó con las piernas, arrasando el pasto y el terreno.
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