LA HISTORIA DEL CANAL IMPERIAL DE ARAGÓN.
Автор: Ser de Aragón
Загружено: 2023-12-17
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En el año 1510, las autoridades municipales zaragozanas, solicitan del rey Fernando de Aragón que les otorgue privilegio para construir una acequia, que tomando aguas del Ebro, riegue las tierras altas de su término municipal.
Nada resuelve Fernando, pero su nieto Carlos autoriza la construcción en 1529, conforme al proyecto redactado por Gil Morlanes, autor junto con su padre, de la fachada de la iglesia de Santa Engracia.
Durante diez años se trabaja en la construcción de una presa en Fontellas, una casa de Compuertas, conocida como Palacio de Carlos V, y una acequia desde el Bocal hasta Gallur.
Una sucesión de problemas técnicos, económicos y políticos impiden la conclusión del proyecto, que cae en el olvido.
En la segunda mitad del siglo XVIII, cuando en la Corte ejercen notable influencia los ilustrados, se decide recuperar esa vieja aspiración aragonesa.
Aprovechando la presencia de Carlos III en Zaragoza, el Conde de Aranda le propone al monarca la restauración y conservación de la acequia imperial, señalándole que es esa una demanda histórica de los zaragozanos.
Carlos III accede.
En 1772, el Conde de Aranda, segunda dignidad del Reino, con el apoyo del Conde de Floridablanca, otro de los grandes impulsores del proyecto, va mucho más allá de la mera recuperación de la vieja acequia y, atendiendo una audaz propuesta de Juan Agustín Badín, Comisario de Guerra de los Reales Ejércitos, se acomete la construcción de un canal navegable que comunique el Cantábrico con el Mediterráneo.
Para ello, es preciso hacer llegar las aguas de este cauce artificial desde Fontellas hasta Sástago y desde aquí al mar por el Ebro mismo.
Se le concede la ejecución de la obra al citado Badín quien, junto con otros socios, incurre en continuos despropósitos administrativos, financieros y técnicos que determinan que Aranda se vea obligado a tomar las riendas, traspasando la dirección del proyecto a Ramón Pignatelli.
En la construcción del Canal trabajan miles de campesinos, presidiarios y artesanos, teniendo que enfrentarse Pignatelli a no pocas huelgas de los obreros, que reclaman mayores salarios.
Para garantizar la continuidad de las obras y su ejecución en plazo, se ve obligado a recurrir en ocasiones al ejército.
Es por ello que soldados de infantería se asientan en Torrero, siendo responsables de la construcción del antiguo puente de América, así llamado por ser esa la denominación del regimiento.
Una vez llegado el Canal a Zaragoza, el canónigo, dolido con sus coetáneos, que han puesto en cuestión la viabilidad del proyecto, manda construir la "Fuente del molino de la Casa Blanca", popularmente conocida como "Fuente de los Incrédulos", en la que figura en latín una leyenda que dice: "Para convencimiento de los incrédulos y alivio de los caminantes".
Deja de este modo estampada su firma en una de las obras hidráulicas más importantes de la Europa de aquel tiempo.
El 30 de junio de 1793 fallece Pignatelli, dejando inconcluso el faraónico proyecto, aunque logra llevar a término la parte más relevante del mismo, que se extiende desde el Bocal, en Fontellas, hasta las esclusas de Valdegurriana.
En noviembre de 1793 el Conde de Sástago sucede a Pignatelli, pero la mediocridad de aquél nada tiene que ver con la capacidad del canónigo.
Las dificultades del terreno, la incompetencia, las penurias económicas y las trabas administrativas impiden la conclusión definitiva del Canal Imperial de Aragón.
A partir de Valdegurriana, su cauce se va estrechando hasta convertirse en una acequia que viene a desembocar en el río Ginel, en el término municipal de Fuentes de Ebro.
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