CUANDO UNA PUERTA SE CIERRA, DIOS ABRE CIEN
Автор: Palabras que Sanan♧
Загружено: 2026-02-04
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Había un hombre llamado Elías que sentía que la vida le había cerrado todas las puertas al mismo tiempo.
No fue una sola desgracia.
Fue una tras otra.
Como si el destino hubiera decidido probar hasta dónde podía resistir.
Primero perdió su trabajo.
Después, la persona que amaba se fue sin explicaciones.
Luego, los planes que había construido durante años se derrumbaron en cuestión de semanas.
Y una noche, sentado solo en su habitación, Elías dijo en voz alta:
—“¿Por qué a mí? ¿Qué hice mal?”
No hubo respuesta.
Solo silencio.
La puerta cerrada
Elías había tocado esa puerta durante años.
La puerta de la estabilidad.
La puerta de los sueños cumplidos.
La puerta que él creía que era su propósito.
Pero ahora estaba cerrada.
Con llave.
Y sin señales de volver a abrirse.
Golpeó una vez más…
Nada.
Golpeó otra…
Nada.
Entonces, cansado, apoyó la frente en la puerta y susurró:
—“Si esta puerta no se abre… ya no sé qué hacer.”
Muchos creen que cuando una puerta se cierra, todo termina.
Pero lo que Elías no sabía…
es que el cierre de una puerta no es un castigo,
es una dirección.
El pasillo del silencio
Al alejarse de esa puerta, Elías notó algo que nunca había visto.
Un pasillo largo, oscuro, lleno de otras puertas.
Siempre habían estado ahí.
Pero él nunca las había mirado.
Porque estaba demasiado enfocado en una sola.
La primera puerta del pasillo estaba marcada con una palabra:
“Paciencia”
La segunda decía:
“Fe”
La tercera:
“Humildad”
Y muchas más…
“Servicio”, “Aprendizaje”, “Perdón”, “Valentía”, “Nuevo comienzo”.
Pero Elías dudó.
—“No vine aquí por estas puertas… yo quería la otra.”
Y aun así, algo dentro de él le dijo:
“Ábrela.”
La primera puerta
Cuando abrió la puerta de la paciencia, no encontró milagros.
Encontró espera.
Días lentos.
Noches largas.
Momentos donde parecía que nada pasaba.
Pero en esa espera, Elías comenzó a escucharse a sí mismo.
A pensar sin ruido.
A sanar heridas que había ignorado por años.
Aprendió algo importante:
👉 La prisa no deja ver las bendiciones.
La puerta de la fe
Al abrirla, no encontró respuestas claras.
Encontró confianza sin pruebas.
Fe cuando no había señales.
Fe cuando todo parecía perdido.
Fe para seguir caminando aunque no entendiera el camino.
Y por primera vez, Elías dejó de pedir explicaciones…
y empezó a decir:
—“Aunque no lo entienda, confío.”
Las puertas que no imaginaba
Puerta tras puerta, algo cambiaba.
En la del servicio, descubrió que ayudar a otros sanaba su propia alma.
En la del perdón, soltó cargas que lo estaban destruyendo.
En la del aprendizaje, entendió que perder no siempre es fracasar,
a veces es prepararse.
Cada puerta no lo llevaba a lo que quería…
sino a lo que necesitaba.
La puerta número cien
Un día, sin darse cuenta, llegó al final del pasillo.
Había una puerta diferente.
No tenía nombre.
Al abrirla, Elías no encontró riqueza inmediata,
ni fama,
ni una vida perfecta.
Encontró paz.
Encontró propósito.
Encontró una versión de sí mismo que nunca habría conocido
si aquella primera puerta no se hubiera cerrado.
Y entonces entendió algo que cambió su vida:
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#Fe
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#Propósito
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