EL DÍA DE MI BODA, ALEJANDRO HERNÁNDEZ ME ABANDONÓ EN EL ALTAR... PARA SALVAR A SU HERMANASTRA...
Автор: Zorro Stories
Загружено: 2025-04-18
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EL DÍA DE MI BODA, ALEJANDRO HERNÁNDEZ ME ABANDONÓ EN EL ALTAR... PARA SALVAR A SU HERMANASTRA.
Era el día que había soñado toda mi vida. En mi vestido de novia, rodeada por los ojos curiosos de todos, creí que finalmente viviría mi cuento de hadas. Pero en un giro cruel del destino, Alejandro, el hombre al que amaba, me dejó en el altar. No por una razón que pudiese entender, sino para ir a salvar a su hermanastra, Maribel, que amenazaba con saltar de un edificio. En ese momento, mi mundo se derrumbó. La humillación de ser abandonada de esa manera ante todos fue indescriptible. La multitud me miraba, y yo solo sentía el peso de la traición.
Me quedé allí, sola, con mi vestido blanco arrugado, mirando cómo mi futuro se desmoronaba. Pero algo en mi corazón se rompió de manera irreversible. No iba a quedarme callada. Frente a todos, aún con las lágrimas en los ojos, levanté la cabeza y grité: “¡Quien dé un paso al frente ahora, será mi esposo!” Sabía que el camino de mi vida había cambiado para siempre, pero no podía imaginar lo que el destino aún me tenía reservado.
Tres años después, Alejandro regresó, pero ya no era el hombre que conocí. Yo había cambiado. Me encontraba en la mansión de los Hernández, esperando a mi hijo, el fruto de una vida construida lejos de él, lejos de su traición. Pero cuando me vio, la ira en sus ojos me hizo revivir aquel dolor. Con un desprecio insoportable, Alejandro me acusó de traicionar su nombre, de llevar en mi vientre a lo que él llamaba “un bastardo”.
Las palabras de Maribel fueron aún más dolorosas. Me llamaron zorra, me humillaron de nuevo, pero esta vez no me quedé callada. Respondí con calma, aunque por dentro me moría. Era mi hijo, mi vida. No iba a dejar que nadie me lo arrebatara, ni a mí ni a él. Pero el sufrimiento no terminó ahí. En un instante, la violencia irracional de Alejandro se desbordó. Me golpeó, me humilló, pero lo que más me destrozó fue lo que hicieron con mi hijo.
El dolor físico fue insoportable, pero lo que realmente me rompió fue ver cómo, con sus propias manos, trataron de arrebatarme la vida de mi hijo. Me golpearon, me patearon, me dejaron en el suelo, sangrando, suplicando por mi bebé. En ese momento, sentí que el mundo se desvanecía. Mi único pensamiento era que mi hijo no podía ser el sacrificio de toda esta crueldad. Las palabras de Alejandro retumbaban en mi mente, llamando a mi hijo “bastardo”, diciendo que no pertenecía a la familia.
Me arrastraron por el suelo, me dejaron casi sin aliento. Pero aún con todo el dolor, algo en mí se resistía a rendirse. Sabía que si no luchaba, perdería todo, pero sobre todo, perdería a mi hijo, el único pedazo de esperanza que me quedaba. Cuando todo parecía perdido, Guillermo, el hombre que me había protegido, apareció. Con la furia de un hombre que no tolera injusticias, llegó para detener todo.
La tragedia de aquel día me marcó para siempre. Pero mi hijo y yo no éramos solo víctimas de esa familia rota. Somos la fuerza que ha resistido la tormenta. Y si Alejandro pensó que el daño estaba hecho, se equivocaba. La batalla apenas comenzaba.
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