1824 Lunes 9 de Marzo de 2026 El Centurión – 2da Parte…
Автор: Donald Alfonso Talavera
Загружено: 2026-03-09
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Lunes 9 de Marzo de 2026
Amados Hermanos y Amigos que nos Escuchan, tengan cada uno de vosotros Paz, Salud y Bendición en esta Bendecida mañana de lunes en nombre de Cristo Jesús Señor Nuestro…
Hoy Continuamos con la Lectura del Capítulo 32 del Libro “El Deseado de Todas las Gentes”
Titulado: El Centurión – 2da Parte…
Este Capítulo Está Basado en los Libros de Mateo 8: 5-13; Lucas 7: 1-17
Los ancianos judíos que recomendaron al centurión a Cristo habían demostrado lo lejos que estaban de poseer el espíritu del evangelio. No reconocieron que nuestra gran necesidad es nuestro único derecho a la misericordia de Dios. En su autojustificación, elogiaron al centurión por el favor que había mostrado a “nuestra nación”. Pero el centurión dijo de sí mismo: “No soy digno”. Su corazón había sido tocado por la gracia de Cristo. Vio su propia indignidad; sin embargo, no temió pedir ayuda. No confió en su propia bondad; su argumento era su gran necesidad. Su fe se aferró a Cristo en su verdadero carácter. No creyó en él simplemente como hacedor de milagros, sino como amigo y Salvador de la humanidad.
Así es como todo pecador puede venir a Cristo. “no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia” Tito 3: 5. Cuando Satanás te dice que eres pecador, y no podemos esperar recibir la bendición de Dios, díganle que Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores. No tenemos nada que nos recomiende a Dios; pero la súplica que podemos presentar ahora y siempre es nuestra condición de absoluta indefensión, que hace de su poder redentor una necesidad. Renunciando a toda autosuficiencia, podemos mirar a la cruz del Calvario y decir:
“Ningún otro asilo hay; simplemente a tu cruz me aferro”.
Los judíos habían sido instruidos desde la infancia respecto a la obra del Mesías. Las inspiradas palabras de patriarcas y profetas, así como la enseñanza simbólica del servicio sacrificial, habían sido suyas. Pero habían desatendido la luz; y ahora no veían en Jesús nada que desear. Pero el centurión, nacido en el paganismo, educado en la idolatría de la Roma imperial, entrenado como soldado, aparentemente aislado de la vida espiritual por su educación y su entorno, y aún más excluido por la intolerancia de los judíos y por el desprecio de sus propios compatriotas por el pueblo de Israel, este hombre percibió la verdad a la que los hijos de Abraham estaban cegados. No esperó a ver si los judíos mismos recibirían a Aquel que afirmaba ser su Mesías. Como “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” Juan 1: 9. Había brillado sobre él, aunque a distancia, había discernido la gloria del Hijo de Dios.
Para Jesús, esto era una prenda de la obra que el evangelio debía realizar entre los gentiles. Con gozo esperaba la reunión de almas de todas las naciones en su reino. Con profunda tristeza les describió a los judíos el resultado de su rechazo de su gracia: “Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; más los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” Mateo 8: 11-12. ¡Ay, cuántos se preparan todavía para la misma decepción fatal! Mientras las almas en las tinieblas paganas aceptan su gracia, cuántos hay en tierras cristianas sobre quienes la luz brilla solo para ser ignorados.
Amados Oyentes, el día de Mañana Volveremos con la Tercera Parte del Capítulo “El Centurión”
La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén…
Pero Sobre Todo Hermanos, Conservad la Fe, ¡Conservadla…!
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