San Juan de Redondo. Montaña palentina.
Автор: Montaña palentina
Загружено: 2026-02-20
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San Juan de Redondo – Mi pueblo en el Valle de Redondo
Yo he visitado muchas veces San Juan de Redondo, un pequeño pueblo de la Montaña Palentina que siempre me recibe con silencio, piedra y aire limpio. Está en el corazón del Valle de Redondo, muy cerca de Santa María de Redondo, a apenas un kilómetro, como dos pueblos hermanos que comparten el mismo paisaje y la misma historia.
Cada vez que llego, siento que entro en un lugar alto y puro: aquí estamos a más de mil metros de altitud, bajo la Sierra de Híjar, dentro del Parque Natural de la Montaña Palentina, donde el invierno es duro y el verano fresco, y donde el cielo parece más grande que en ningún otro sitio.
San Juan es un pueblo pequeño, con muy pocos habitantes, pero con una fuerza que no se mide en números. Caminar por sus calles de piedra, entre casas con aleros de madera y escudos antiguos en las fachadas, es como caminar por siglos de vida rural, de ganaderos, pastores y gentes que supieron resistir en la montaña.
Siempre me detengo en su iglesia, la Iglesia de San Juan Degollado, con su portada del siglo XVII. Dentro guarda un retablo de estilo rococó que sorprende por su elegancia en un pueblo tan humilde. Aquí uno siente que la fe y el arte también echaron raíces profundas en esta tierra.
Me gusta pensar que el nombre de Redondo viene de aquellos campos cerrados y protegidos que se usaban en la Edad Media para repoblar estas tierras. Este valle tuvo tres barrios: San Juan, Santa María y San Martín, aunque este último desapareció hace siglos. Aun así, su memoria sigue flotando en el aire cuando recorro estos caminos.
Muy cerca del pueblo está el antiguo molino harinero, restaurado, que aprovechaba las aguas del Pisuerga para moler trigo y centeno. Siempre que lo veo, imagino el ruido de las piedras girando y el trabajo duro de la gente que hacía del pan su sustento.
San Juan de Redondo está rodeado de montes, praderas y cumbres que invitan a caminar sin prisa. Desde aquí he recorrido el valle, he mirado hacia Peña Abismo, La Verdiana o Peña Sol, y he sentido que la montaña te habla en silencio, como si te reconociera.
También he vivido sus fiestas, sobre todo las de finales de agosto, cuando el pueblo, aunque pequeño, se llena de vida. Entonces San Juan deja de ser solo piedra y soledad, y se convierte en encuentro, en música, en conversación junto a las casas y la iglesia.
Para mí, San Juan de Redondo no es solo un lugar en el mapa. Es uno de esos pueblos que se quedan dentro, porque aquí todo es verdadero: la montaña, el viento, las casas, la historia y el tiempo. Cada vez que vuelvo, siento que no solo lo visito… siento que regreso.
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