El Sonido Insonoro de la Conciencia
Автор: IICYP - Cultura para la Paz
Загружено: 2026-02-17
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La mente hay que vaciarla para llenarla desde el corazón. Aunque este guion te llevará más adentro, si prestas atención, y permites que estos minutos entren más allá de tus oídos.
Reflexionar es el primer paso para cambiar. Porque uno se pone a reflexionar y sabe lo que eso significa: dejar de pensar.
Hay que aprender a leer lo sutil de las pautas que tras la reflexión van a dirigir el comportamiento propio. Porque la reflexión es una cercanía que uno ya conoce lo que es. Por eso, justo, no gusta la reflexión porque lleva a dejar de ser lo que soy, y comenzar a vaciarme de cualquier cosa, y llenarme de nuevas que surgen del interior, como un despertar esperando que lo miremos con atención.
Uno se da cuenta de la propia actitud como una barrera que no deja salir la luz, pero esto es una sensación fugaz, ni siquiera parece un sueño, solo algo que pareces vivir como que una parte de ti importante está encerrada, y ese instante fugaz pide ayuda, pide socorro, quiere salir de la cárcel que tu personalidad ha ido haciendo poco a poco, como engañando al Alma con una casita de chocolate…
La reflexión no es para pensar cosas nuevas, ni quizá desechas las viejas. Una buena reflexión descubre actitudes, comportamientos, hábitos de indiferencia. Una buena reflexión descubre lo que no se ve en la mente, que es lo que causa la forma de ser y la forma de no ser, y ante estas dos tesituras uno observa sus carencias, y esa observación es el momento fugaz de silencio donde el interior se expresa, y uno aprende algo que nunca habría visto simplemente pensando incluso cosas de filosofía.
El atrevimiento de dejar de pensar anula la corteza o barrera que impide “ver” algo más profundo, pero en realidad uno no ve estas cosas, porque uno está acostumbrado a que “ver” es pensar o razonar algo.
Tampoco estamos acostumbradas las personas al sonido insonoro de la conciencia, este sonido no se puede pensar, no se puede emular. Uno se da cuenta de que el presente está unido a la conciencia, y tampoco se puede pensar, pues al pensar algo lo corrompes, lo destruyes, lo desechas o conviertes en forma según son las manos de la mente concreta.
Deshacerse de la corteza es deshacerse de algo que “parece uno mismo” y ahí está una de las cumbres borrascosas para la propia mente y personalidad asentada en el yo personal.
El silencio de la personalidad abre una puerta desconocida, que es el desapego como palabra, y la palabra o concepto no descubre la puerta, solo la palabra bien interiorizada y accionada es lo que descubre una llave, y tras la llave se busca la puerta de la llave; toda reflexión es una interiorización de algo que no tiene que ver con nada concreto de la vida de la personalidad.
“En tu nombre Señor, pienso y actúo, en el centro de Tu Voluntad se halla mi Alma y a pesar de mis dificultades, ¡gracias por estar ahí!
En mi pequeña oración, hallo las respuestas, en esas incomprensiones cotidianas observo la subida al Gólgota, que todos tenemos que realizar para purificarnos.” José Tarrazó Durá.
No tengo duda de que hay personas que están encarnadas y han vivido pensar cosas como “otro día para comprar cosas que ya he consumido”, “otro día que toca trabajar” “otro día que ya veremos cómo esto o cómo lo otro”, y esas personas desde el plano físico viven estas cosas, pero no las piensa la mente, y estas cosas las hacen, pero aprovechan estar vivos para las cosas verdaderas que insta el sonido insonoro de la conciencia.
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