Tierra de Moriah
Автор: elkeeek
Загружено: 2010-02-27
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Dios se proveerá.
La respuesta de Abrahán constituye una expresión profético emanada de las alturas de la fe heroica hasta las cuales se había elevado su alma. Por inspiración señalaba tanto al carnero del vers. 13 como al Cordero de Dios, que en ese momento igualmente estaba más allá de los alcances de su vista. Si no hubiera sido por la convicción de que estaba haciendo la voluntad de Dios y que su "único" hijo le sería restaurado, la agonía de Abrahán ante el pensamiento de perder a Isaac hubiera sido insoportable. Con todo, la pregunta del muchacho debe haber atravesado el corazón del padre. ¿Comprendería Isaac?
Edificó allí Abraham un altar.
Llegando al lugar donde en siglos posteriores se edificó el templo, padre e hijo levantaron un altar. Salem, la ciudad de Melquisedec, estaba a corta distancia hacia el sur. Pero un poco más allá, hacia el noroeste, se hallaba una colina que después se conoció con el nombre de Gólgota.
Ató a Isaac.
Cuando todo estuvo completo, y no faltaba nada sino la colocación del sacrificio sobre el altar, temblorosamente Abrahán le refirió a Isaac todo lo que Dios le había revelado y probablemente añadió a eso su propia fe en la restauración de Isaac. Es difícil imaginar los sentimientos encontrados que deben haber surgido en el pecho de Isaac: asombro, terror, sumisión y finalmente fe y confianza. Si tal era la voluntad de Dios, consideraría como un honor entregar su vida en sacrificio. Siendo un joven de 20 años, fácilmente podría haberse resistido. En vez de hacerlo, animó a su padre en los momentos finales anteriores a la culminación. El hecho de que Isaac entendiera y compartiera la fe de su padre fue un noble resultado de la cuidadosa educación que había recibido a través de su niñez y juventud. Así Isaac se convirtió en un símbolo adecuado del Hijo de Dios, que se sometió a la voluntad de su Padre (Mat. 26: 39). En ambos casos, el padre entregó a su único hijo.
Tomó el cuchillo.
Habiendo colocado a la víctima atada sobre la leña, Abrahán estuvo listo para el último acto: matar a su hijo y prender fuego a la pila de leña. Como un símbolo del perfecto Cordero de Dios, Isaac no ofreció resistencia ni expresó ninguna queja (Isa. 53: 7).
El ángel de Jehová le dio voces.
Mientras que en ocasiones anteriores Dios había hablado directamente a Abrahán, ahora envió su ángel (ver Hech. 7: 2; Gén. 12: 1; 13: 14; 15: 1; 17: 1; 18: 1; 21: 12;
No extiendas tu mano.
El patriarca había demostrado ampliamente su fe y obediencia y había satisfecho plenamente los requisitos de su Dios. Jehová no deseaba la muerte de Isaac. En realidad, no tenía interés en ninguna ofrenda que implicara un sacrificio ceremonial como tal. Pero siempre ha deseado la obediencia voluntaria de sus siervos (1 Sam. 15: 22; Ose. 6: 6). En lo que respecta hasta dónde podían ir la voluntad y el propósito de padre e hijo, el sacrificio fue completo. Dios reconoció la consagración de sus corazones como una ofrenda mucho más aceptable ante su vista, y aceptó su buena disposición a cambio del hecho (Heb. 11: 17).
La voz celestial también testifica que Dios rechaza los sacrificios humanos (Deut. 12: 31; 2 Rey. 17: 17; 2 Crón. 28: 3; Jer. 19: 5; Eze. 16: 20, 21). No tienen fundamento las declaraciones de algunos críticos de la Biblia al afirmar que los hebreos, como parte de su servicio regular de culto, practicaban sacrificios humanos, tan comunes entre los cananeos y otros pueblos de la antigüedad. Es cierto que en períodos de apostasía los judíos practicaron ese rito, pero fue en directa violación de la orden de Dios (Sal. 106: 37, 38; Isa. 57: 5; etc.).
Fue Abraham y tomó el carnero.
Al descubrir el carnero y al aceptar su presencia como una señal adicional de la providencia de Dios, Abrahán no necesitó esperar instrucciones de Dios respecto a lo que tenía que hacer con él. Aquí estaba el cordero que Abrahán había dicho que Dios proveería (vers. 8). No se habían traído en vano la leña el fuego y el cuchillo, ni se había erigido el altar inútilmente.
Jehová proveerá.
Recordando ahora sus propias palabras proféticas dirigidas a Isaac, Abrahán llamó el lugar Jehová-jireh, "Jehová proveerá". Añade Moisés que este nombre dio lugar al proverbio "En el monte de Jehová será provisto". Es algo oscuro el significado de este proverbio. Indudablemente, recuerda la expresión de fe de Abrahán de que, en el monte divinamente señalado, Dios mismo proveería un medio de salvación. Este proverbio constituyó una expresión de la esperanza mesiánica, aunque su significado no hubiera sido siempre completamente claro a los que lo citaban. Sobre este lugar sagrado, en el lugar santísimo del templo de Salomón, posteriormente estableció su morada la Shekinah, gloria de Dios.
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