La invasión china de Taiwán, el cisne negro que los mercados aún no han descontado
Автор: elEconomista
Загружено: 2026-01-14
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Mientras los mercados financieros arrancan 2026 instalados en una sorprendente calma, el tablero geopolítico se reordena a una velocidad que recuerda más a una partida de ajedrez de alto riesgo que a un ajuste gradual del orden mundial. Estados Unidos, China y Rusia parecen repartirse zonas de influencia con una naturalidad inquietante, mientras Europa observa desde la barrera, cada vez con menos peso estratégico. En ese contexto, hay un escenario que los analistas empiezan a señalar como el auténtico cisne negro global: una invasión china de Taiwán.
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A diferencia de otros conflictos recientes —la guerra de Ucrania, la intervención estadounidense en Venezuela o incluso las tensiones en Groenlandia e Irán—, los mercados bursátiles han demostrado una capacidad casi asombrosa para mirar hacia otro lado. Las bolsas globales apenas reaccionaron a la invasión rusa de Ucrania; el verdadero impacto se concentró en las materias primas, especialmente en la energía. Hoy, el petróleo vuelve a moverse en un rango relativamente bajo, favorecido por la estrategia de Donald Trump de forzar una energía barata para contener la inflación y allanar futuras bajadas de tipos de interés. Pero Taiwán es otra historia.
El consenso del mercado suele reducir Taiwán a un único nombre: Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC). No es para menos. Un control chino sobre la mayor fundición de chips del mundo supondría un golpe directo al corazón del sector tecnológico global, afectando desde Nvidia hasta el conjunto de la cadena de valor de la inteligencia artificial. A diferencia de otros choques geopolíticos, aquí sí habría un impacto inmediato y visible en las bolsas, especialmente en el Nasdaq.
El verdadero cisne negro
Pero ese no es el verdadero cisne negro. El riesgo sistémico más profundo no está en los chips, sino en el mercado de deuda estadounidense. Taiwán es, de forma poco conocida, un gran tenedor de bonos del Tesoro de Estados Unidos. No a través de su banco central —por eso no aparece en los rankings habituales—, sino mediante aseguradoras y ahorradores privados. Es un mercado con una elevada penetración del ahorro financiero en deuda estadounidense.
En caso de una invasión china, el comportamiento de estos inversores sería radicalmente distinto al de un banco central. No habría ventas ordenadas ni estratégicas. Habría pánico. Venta inmediata, sin mirar precios, para proteger el patrimonio ante un escenario de guerra. Justo lo contrario de lo que los mercados esperan en una crisis geopolítica, donde el refugio natural suele ser precisamente el bono americano.
El día que el activo refugio deje de serlo
Ese es el núcleo del cisne negro: una crisis en la que los inversores no compran bonos del Tesoro, sino que los venden de forma masiva. No se trataría de un colapso estructural —siempre hay comprador para la deuda estadounidense—, pero sí de una dislocación violenta y puntual en precios, con subidas abruptas de rentabilidades y contagio a divisas asiáticas, mercados emergentes y, por extensión, a los activos de riesgo globales.
El paralelismo histórico más cercano no está en 2022, cuando bonos y bolsas cayeron a la vez por culpa de la inflación, sino en la crisis asiática de 1997. Aquella estampida de capitales acabó desembocando, un año después, en la quiebra del hedge fund LTCM y obligó a una intervención coordinada de los grandes bancos centrales. Un escenario que los mercados actuales, centrados en el crecimiento de beneficios y el rally de la inteligencia artificial, simplemente no están descontando.
La sensación de fondo es que las grandes potencias actúan con una tácita aceptación mutua.
Estados Unidos asegura su patio trasero en América Latina y busca recursos en Groenlandia y Argentina. Rusia consolida posiciones clave en Ucrania, ricas en tierras raras y uranio. China observa, paciente, mientras amplía su influencia en Asia-Pacífico y África. En ese reparto implícito, Taiwán aparece como la pieza que aún no se ha movido… pero que todos miran.
Las referencias explícitas de Xi Jinping a la isla en su discurso de inicio de año no han pasado desapercibidas entre los analistas más atentos. Tampoco el hecho de que, hasta ahora, ni Washington ni Bruselas parezcan dispuestos a escalar el tono más allá de lo retórico.
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