Canto del alba for solo flute by Mario Lavista
Автор: Alejandro Escuer
Загружено: 2022-05-24
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Como un homenaje a Mario Lavista en el marco del 79 aniversario de su nacimiento por su amplia trayectoria y prolífica producción musical, el flautista mexicano Alejandro Escuer, cercano colaborador de Mario Lavista (1943-2021), da conocer el video de Canto del alba (para flauta), una pieza que lo ha acompañado desde hace más de 30 años y a la que el intérprete califica como “contemplativa y de gran poder evocativo”.
El estreno de la video producción, realizada en el Vestíbulo del Palacio de Bellas Artes, a cargo de José Pita, integrante de ÓNIX Ensamble, se lleva a cabo con la colaboración de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal)
Fue en el máximo recinto cultural de México donde Lavista recibió un homenaje de cuerpo presente el pasado 4 de noviembre de 2021, un día después de su fallecimiento. En esa ocasión, la parte musical estuvo a cargo del flautista Alejandro Escuer y dos agrupaciones musicales más. Escuer interpretó Lamento (para flauta baja) de Mario Lavista y A Mario.
Para hablar de Canto del alba, el instrumentista recuerda: “Conocí a Mario Lavista como su alumno en el Conservatorio Nacional de Música. Le comenté mi interés de tocar su obra. Tenía yo 17 o 18 años. Él siempre fue muy amable y generoso con su tiempo. En ese entonces me mostró unas obras, yo las estudié, me hizo anotaciones y las interpreté, desde entonces la música de Lavista me atrapó”.
Alejandro Escuer (Ciudad de México, 1963) recuerda que las referidas obras eran muy especiales y las compuso en colaboración con la también flautista Marielena Arizpe, a quien en ese momento le dedicó las piezas y que son: Lamento (para flauta baja), de 1981; Canto del alba (para flauta en Do), de 1979; y Nocturno (para flauta en Sol), de 1982, es decir, una flauta diferente en cada una.
A mediados de los años ochenta, el compositor habló acerca de esta serie de obras. Así lo explicaba: “Hace algunos años empecé a descubrir, gracias a varios intérpretes, los nuevos recursos, las nuevas posibilidades técnicas y expresivas que ofrecen los instrumentos tradicionales, y en los que vislumbro un mundo de sonidos totalmente nuevos.
“Hoy resulta evidente el hecho de que el concepto tradicional de los instrumentos contempla solamente un número limitado de sonoridades y, por tanto, es posible, y necesario explorar, en estrecha colaboración con los instrumentistas, las posibilidades que ofrecen estos instrumentos”.
Alejandro Escuer destaca que las piezas surgidas de esa inquietud le han acompañado a lo largo de su carrera. Las he interpretado constantemente y llegó el momento en que las grabé en el disco Aire desnudo (2007), en Quindecim Recording ( / aire-desnudo , ahí están grabadas como un tríptico”.
Y agrega: “Pienso que se trata de piezas que requieren de una manera de interpretar muy especial, no cualquier flautista puede tocarlas.
Sin embargo, informa, para flauta hay unas técnicas que se utilizan desde algunos años y se denominan “multifónicos”. Lavista aplica esas técnicas en esta serie de una manera muy poética y musical, y eso es lo que a mí me gusta. Las tres son muy introspectivas, son como meditaciones, están inspiradas en el budismo zen y en la poesía medieval de China y Japón. Son contemplativas y a la vez muy expresivas. Como músico, creo que es una delicia para el público escucharlas, más aún, una experiencia reveladora, interesante y poética.
El ejecutante considera que una de las cosas más interesantes de Canto del alba es que se trata de una música influenciada por la música de shakuhachi, que es una flauta japonesa hecha de bambú. “Encuentro que la manera de tocar esa flauta, los sonidos, los vibratos y la música antigua de Japón en general, todo eso influenció la música de Lavista en esa etapa”.
Y recuerda: “Una cosa interesante aquí es la amistad que tenía Lavista con John Cage, y Cage es absolutamente admirador del budismo zen. Se conocieron y hablaron allá por 1977-1978. Y las tres piezas se escribieron entre 1979 y 1982. Son composiciones que el oyente puede disfrutar en el momento que quiera tener un espacio de relajamiento, de descanso y para disfrutar. Se vive una experiencia muy especial y muy entrañable”.
Y concluye Escuer: “Este homenaje al maestro Lavista parte de la gran amistad que tuve con él, y porque siempre fue muy generoso en cuanto a su tiempo que me dedicó, a mí que fui su alumno, y porque además pienso sin duda que él fue uno de los pocos compositores que se preocupó por dejarle a las nuevas generaciones su inmensa sabiduría, su trabajo como compositor, es decir, se preocupó por dar clases de composición, de análisis, que disfrutaba dar, por muchos años y por muchas generaciones.
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