Mis Atributos Se Dispararon y Dominé El Multiverso 01 30
Автор: Zorro Novelas Ligeras
Загружено: 2026-02-16
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#habilidades #fantasia #dioses #novelaligera #poderoso #sistema
Mu Cang transmigró a una ciudad moderna en un universo paralelo justo cuando la energía espiritual estaba a punto de revivir.
Y con ese despertar, también se activó su sistema.
Un sistema de atributos infinitos.
Desde ese día, su fuerza física y su poder espiritual comenzaron a duplicarse cada veinticuatro horas.
No aumentar.
No mejorar gradualmente.
Duplicarse.
El primer día, su fuerza ya rozaba el límite superior del cuerpo humano. Podía romper acero con los dedos, cruzar kilómetros en segundos y soportar balas sin que su piel se rasgara.
El décimo día, un tanque de asalto pesado fue enviado para eliminarlo. Mu Cang no esquivó.
Extendió la mano.
El blindaje compuesto se arrugó como papel húmedo.
El vehículo de decenas de toneladas fue arrancado del suelo y lanzado por los aires como si fuera un juguete.
El vigésimo día, probó su fuerza en un terreno deshabitado. Un solo golpe descendió.
La onda expansiva arrasó kilómetros.
Los sensores sísmicos registraron una energía comparable al impacto directo de un misil de crucero Tomahawk.
Los satélites comenzaron a vigilarlo.
El cuadragésimo día, ya no necesitaba probar nada.
Bastó un paso.
El suelo se hundió.
Las placas tectónicas crujieron.
Ciudades enteras colapsaron por la vibración secundaria. Los océanos retrocedieron y luego regresaron en forma de tsunamis.
Los gobiernos dejaron de considerarlo un “fenómeno”.
Comenzaron a llamarlo “evento de extinción potencial”.
El sexagésimo día, Mu Cang levantó el puño y lo dejó caer.
La corteza planetaria no resistió.
Una fractura continental se abrió como una herida ardiente. Billones de toneladas de magma ascendieron desde el manto, tiñendo el horizonte de rojo.
La atmósfera ardió.
El planeta sobrevivió… apenas.
La duplicación continuó.
Cada día, el doble del anterior.
No había techo.
No había límite.
No había cuello de botella biológico, ni saturación energética, ni restricción dimensional.
La explosión exponencial era una ley matemática que avanzaba sin emoción.
…
…
En el enésimo día, el concepto de “día” ya había perdido significado.
Mu Cang se sentó con las piernas cruzadas en el vacío del cosmos.
No necesitaba aire.
No necesitaba calor.
No necesitaba nada.
A su alrededor, el mar estrellado temblaba.
Innumerables supercivilizaciones detectaron su ascenso y lo clasificaron como anomalía de riesgo absoluto.
Flotas que habían conquistado galaxias completas desplegaron armamento estelar.
Formas de vida de alta dimensión descendieron desde planos invisibles.
Dioses malignos del espacio profundo despertaron de su letargo milenario.
Por primera vez en eras incontables, enemigos naturales cooperaron.
Un ataque conjunto.
Explosiones de rayos gamma atravesaron el vacío como lanzas de juicio.
Chorros de campos súper magnéticos desgarraron nebulosas enteras.
Colapsos dimensionales comprimieron regiones del espacio hasta convertirlas en singularidades inestables.
La estructura del espacio-tiempo comenzó a fracturarse.
Constelaciones se apagaron.
Galaxias fueron arrastradas por ondas gravitacionales artificiales.
El mar estrellado dejó de ser un océano silencioso.
Se convirtió en caos primordial.
Y en el centro de todo…
Mu Cang no abrió los ojos.
Su aura, apenas perceptible, se expandió.
Las tormentas cósmicas se desintegraron antes de tocarlo.
Las singularidades se estabilizaron.
Los dioses malignos retrocedieron.
La matemática del infinito siguió su curso.
Si ayer podía destruir un planeta con un golpe…
Hoy podía borrar sistemas estelares con un pensamiento.
Y mañana…
Mañana sería el doble.
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