Viernes Santo de Pasión. Cheska Díaz. La vida te elige. Esradio97. 1
Автор: cheska diaz
Загружено: 2021-04-01
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Tú te llamas Dulce Nombre
Y yo tengo amarga la boca
Viendo a tu hijo morir
De pena te vuelves loca
Y otro año más nos quedamos en silencio, nos quedamos sin ella. Bajo la luz de tu mirada, destapo ese cajón donde guardo tu memoria. Un dolor amargo y triste, cárcel entre varales de pureza de recuerdos y marea de promesas que acompañan a los pasos de las lágrimas de una madre y las manos presas y la cruz dolorosa de Jesús, el Nazareno. Entierro de dolor y angustia. España se pone sería para llamarte Amargura, mi Semana Santa. Tan sobria y soberbia, divina y gloriosa. Tan ceremonial como folklórica. Ay mi Semana Santa, perfumada de olor a incienso que rodea calles de iglesias y catedrales. Estaciones de penitencia de miradas y complicidades, y reencuentros de nazarenos y penitentes bajo capirotes, alientos contenidos y esfuerzo del cofrade y el sufrimiento de los pasos que se echan a la calle entre la amalgama de emociones que vitorean y aplauden fe a raudales.
Las noches y los amaneceres se abren entre el olor a canela y miradas ausentes que tocan el cielo. Entre lo místico y lo humano, el arte respira fe de fiesta expresada de mil maneras en cada pueblo de España.
Y allí, aparece la madre, la gran estrella, entre el silencio y el dolor casi onírico, se hace camino entre claveles, rosas y lirios, cera y pies descalzos que se pierden entre laberintos de senderos de ruegos y credos repletos de camelias y laurel. Ay Sevilla, Ay Zamora, Ay Valladolid, Ay Cartagena, Ay Granada, Ay Málaga, Ay Almería y Ay mi Carboneras… Ya resuenan los tambores de Calanda. Ay, la ‘Rompida da la hora’. Y la Madrugá nos asalta. Ya está aquí. El costalero se pierde entre el vértigo de su soledad, toca el cielo viendo las lágrimas y dolor de los creyentes. Encierra sueños. Paso a paso, a la deriva, salen de los portones entre penas de cera y penitencias de un tiempo que nunca pasa, que se detiene. Ay Semana Santa, que vuelve como símbolo de un pueblo donde las ciudades se vuelven mágicas. En las calles abarrotadas, resuena un nombre, guapa, guapa y guapa.
Como un llamador convoca a pequeños golpes a la Semana Santa, la que bajaron los ángeles para llenarte el corazón. Esa que suena a tambores y cornetas. Esa que se pierde entre cordones bordados, y caídas de palio al compás de los varales y candelarias. Esa que se viste de túnica, antifaces de terciopelo, corazas de los armaos, guerreras de músicos para vestir las calles de azul, rojo blancos y negros con enlutados balcones teñidos de quejíos y fervor.
Parece que está todo. Nervios y lágrimas. El toque de la trompeta, el redoble del tambor y el escalofrío de la marcha ya da fe a cada vértigo de sus sentires vestidos de uniformes de gala, de aplausos a las cuadrillas, dedicatorias a las levantás, petaladas en los balcones, olés a las saetas, trajes oscuros, mantillas del Jueves y Viernes Santo, corbatas de luto del Viernes Santo. La muerte silencia y rompe el alma.
Parece que amanece el domingo de resurrección. Parece que es su voz la que me despierta, vamos, valientes al cielo con ella¡¡¡. Todo sabe a la alegría del reencuentro, al resucitado y a su madre. Mi corazón vuelve a latir y por esa esperanza que espera. La Virgen mira un instante al costalero, con enorme y eterno amor, le habla:
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
Tú eres luz, tú eres eternidad e infinitud.
La vida elige un suspiro. La muerte se aferra a un lamento. La muerte con la vida se retira entre olores a buñuelos, bacalao, albahaca, miel y azahar y marchas y levantás. Y llega la resurrección y la vida. Volverán las Semana Santas. La espera se hace espera, todo es posible en la calle. El abrazo de la fe y la fiesta de lo profano, nos espera.
Qué grande es la Semana Santa. Cierra tus ojos y respira. Un suspiro y un lamento, al detenerse la noche y abrirse la mañana hacia el Calvario de cada rincón de nuestra alma. ¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar! Cuidénse y no se olviden de vivir. Ya queda menos para la próxima Semana Santa.
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