Yacimiento arqueológico de Ercávica
Автор: José Javier Villalba Calles
Загружено: 2026-01-18
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Sobre un meandro del río Guadiela, hoy embalse de Buendía, encontramos las ruinas de la ciudad romana de Ercávica en el extremo noroeste del término municipal de Cañaveruelas, Cuenca, uno de los importantes hitos de la ruta del cristal de Hispania. Un camino de gran recorrido que totaliza 163,51 Km. a lo largo del patrimonio minero que va de Ercávica a San Clemente, cruzando la provincia de Cuenca de norte a sur y recorriendo las comarcas de La Alcarria, La Mancha Alta y La Mancha Baja conquenses hasta las zonas costeras del Mediterráneo (Puerto de Cartagonova) para su distribución. Explotaciones mineras que fueron del que se consideró el mejor Lápis Specularis de todo el Imperio. Un tipo de piedra especular o espejuelo, variedad del yeso conocida como yeso selenítico o selenita, de forma cristalizada y translúcida utilizada para el cerramiento de ventanas, la construcción de vidrieras y decoración durante los siglos I y II d.C.
Tito Livio en su Historia de Roma desde su fundación narró que, durante la conquista de Hispania fueron rendidos los ercavicenses por Tiberio Sempronio Graco que sometió la ciudad a asedio en el año 179 a.C., reconociendo que la Ergavica celtibérica era nobilis et potens civitas.
La Ercávica romana, no lejana al asentamiento celtíbero, fue fundada ex novo bajo los criterios más ortodoxos de la concepción romana de las ciudades, con un trazado urbano regular en el que sus calles y edificios adoptan una disposición ortogonal. Al decir de Plinio, la ciudad dispondrá de un estatuto privilegiado considerando a los ercavicenses como latini veteres, gozando de derechos civiles como el ius commercii y el ius conubii, aunque generalmente carecían de plenos derechos políticos romanos, siendo un grupo intermedio entre ciudadanos y extranjeros. Privilegio anterior a que Augusto le otorgara el estatuto de municipium (segunda clase más alta para una ciudad romana, con estatus inferior a la colonia). Las monedas emitidas por esta Ceca de Erkauika, también nos muestran que en época de Augusto tuvo el estatuto de municipio.
El oppidum, la Ercávica fortificada sobre un cerro, gozó de una etapa de plenitud entre los siglos I y II d. C. (coincidente con la etapa alto imperial) hasta su declive durante el S. IV d.C. y su definitivo abandono hacia el S. V d.C.
Al llegar, antes de entrar en el recinto, se encuentra una necrópolis de disposición radial, posiblemente altomedieval o hispanovisigoda, bajo la cual figura un eremitorio (S. IV) excavado en la misma roca que hacía las veces de lugar de culto y vivienda para eremitas. Fundación que se atribuye al monje africano Donato, del siglo VI, fundador y abad del monasterio servitano.
Nos encaminamos hacia la ciudad buscando la puerta sur y ascendiendo por el cardo máximo hasta llegar a la domus 4 que de alguna forma se ha recreado en parte y se ha techado para proteger los escasos restos. De allí nos dirigimos hacia el oeste por el decumano que conduce a la domus aterrazada, en la que destacan las reproducciones de unas pinturas murales, pues no cuentan con protección alguna. Proseguimos hasta las termas o ínsula de las cisternas, pues no está claro si estos conjuntos actuaron realmente como termas al faltar, al parecer, algunas de las salas clave. Regresamos a la domus 4, adosada a los restos de la 3, y rodeadas de ruinas de lo que fueron tabernae o los locales comerciales que los propietarios de las domus alquilaban a comerciantes. Cerca de estas, un poco más arriba, a orillas del cardo maximus, encontramos la casa del médico (domus 1) y la domus 2, cuyas entradas están contrapuestas.
Para llegar el foro, pieza de gran valor, pero bastante derruida, hay que proseguir hacia arriba. Lo primero que encontramos son las ruinas de lo que fue una basílica. Por el contrario, en el norte fue donde se alojaron los edificios civiles. Entre medias y por debajo, aprovechando el desnivel del cerro en el este, los restos del criptopórtico. Sea como fuere, imaginar todas estas edificaciones para ojos profanos resulta extremadamente difícil, máxime sin una guía visual que recreé las instalaciones del pasado.
Más arriba llegamos a la parte más elevada del cerro Castro de Santaver donde se cree que podrían existir huellas del pasado por descubrir como tampoco quedan claros los sistemas de abastecimiento de agua, de los que no encontramos restos, para el consumo humano, excepción hecha de cisternas y pozos para variados usos.
La visita al yacimiento no deja indiferente. Tres circunstancias inciden en esta apreciación: primero, la constatación de que la proporción excavada es como mucho del 15% para un yacimiento de unas 20 ha., segundo la falta de cartelería informativa para realizar una visita autoguiada, pues no es cierto que todas las visitas sean guiadas y a nosotros se nos negó aún con reserva formalizada, y tercero que, dadas las dos anteriores circunstancias, lo mejor de la visita fue disfrutar del emplazamiento y de las vistas que ofrece este cerro de Santaver.
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