Padre Soltero Halló A Mujer Herida Bajo Nieve... Y Descubre Que Tiene Tatuaje Idéntico
Автор: HISTORIAS DE PADRE SOLTERO
Загружено: 2026-02-06
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Padre Soltero Halló A Mujer Herida Bajo Nieve... Y Descubre Que Tiene Tatuaje Idéntico
La nieve caía sin piedad sobre San Rafael, un pequeño pueblo de montaña donde el invierno no perdonaba a los débiles. Mateo Rivera ajustó su bufanda mientras caminaba por el sendero helado hacia su taller de carpintería. Sus botas crujían sobre la nieve endurecida, cada paso medido y cuidadoso, como todo en su vida desde hacía cinco años.
"Papá, ¿hoy vamos a terminar la casa del pájaro?" La voz de Diego rompió el silencio blanco del amanecer. Su hijo de siete años caminaba a su lado, con mejillas enrojecidas por el frío y ojos brillantes de curiosidad.
"Si el clima lo permite, campeón," respondió Mateo, posando su mano enguantada sobre la cabeza del niño. "Pero primero tengo turno en la estación de rescate. Don Ramiro está enfermo y alguien debe cubrir la guardia."
El taller de Mateo era modesto pero ordenado. Herramientas colgadas con precisión militar, maderas apiladas por tamaño, un pequeño escritorio donde las facturas se acumulaban con más rapidez de la que él podía pagarlas. En la esquina, una estufa de leña luchaba valientemente contra el frío que se filtraba por las grietas de las paredes.
"¿Podremos comprar el abrigo nuevo antes de que llegue la Navidad?" preguntó Diego mientras se quitaba los guantes mojados.
Mateo sintió la familiar punzada en el pecho. El abrigo que su hijo usaba tenía tres años, las mangas demasiado cortas ahora, los puños deshilachados. "Estoy trabajando en ello, hijo. El señor Gutiérrez me debe por los muebles que le hice. Cuando pague, iremos al pueblo grande."
No mencionó que el señor Gutiérrez llevaba dos meses retrasando el pago. No mencionó que las facturas de calefacción se acumulaban en su escritorio como centinelas amenazantes. Así era la vida de Mateo Rivera: trabajar hasta el agotamiento, mantener la dignidad intacta, nunca dejar que Diego viera cuán cerca estaban del precipicio.
Doña Elena, la vecina que cuidaba a Diego cuando Mateo tenía guardias, apareció en la puerta del taller con una olla humeante. "Traje sopa para el almuerzo. Hice de más anoche."
"No tenía que molestarse, doña Elena," protestó Mateo, aunque su estómago gruñó traicionándolo.
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