4º Domingo de Cuaresma — "Una cosa sé: que era ciego y ahora veo" | Domingo de la Alegría
Автор: Voces de los Santos
Загружено: 2026-03-14
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En este cuarto domingo de Cuaresma, la Iglesia nos invita a la alegría. Es el domingo "Laetare", un respiro en medio del camino penitencial, cuando el sacerdote puede vestir ornamentos rosados y el altar se llena de flores. La liturgia nos anuncia que la Pascua está cerca y que nuestra esperanza se renueva.
El Evangelio de este domingo (Juan 9,1-41) nos presenta al hombre ciego de nacimiento, curado por Jesús con lodo y saliva. Sus discípulos preguntan: "Maestro, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?" Jesús responde: "Ni él pecó ni sus padres; es para que las obras de Dios se manifiesten en él".
Jesús devuelve la vista al ciego, pero el verdadero milagro va más allá de lo físico. El hombre, que al principio solo veía tinieblas, comienza a ver la luz del mundo. Interrogado una y otra vez por fariseos incrédulos, su testimonio se vuelve cada vez más firme. Cuando le preguntan qué piensa de Jesús, responde: "Es un profeta". Presionado nuevamente, declara: "Si es pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo". Finalmente, expulsado de la sinagoga, se encuentra de nuevo con Jesús y cree en Él, postrándose para adorarlo.
Este ciego es figura de todo hombre que pasa de la oscuridad del pecado a la luz de la fe. Su itinerario espiritual es el nuestro: desde el desconocimiento hasta el encuentro personal con Cristo; desde el testimonio tímido hasta la adoración plena.
En este domingo Laetare, también nosotros somos invitados a abrir los ojos. Cuántas cegueras llevamos dentro: la incapacidad de ver a Dios en el prójimo, la dificultad de reconocer nuestros pecados, la dureza de corazón que nos impide acoger la gracia. Jesús pasa a nuestro lado hoy y nos pregunta: "¿Crees en el Hijo del hombre?" Que nuestra respuesta sea como la del ciego: "Creo, Señor", y postrémonos en adoración.
La alegría de este domingo no es superficial; nace de saber que Cristo es la luz del mundo y que, si nos dejamos tocar por Él, nuestras tinieblas se disipan. La Cuaresma avanza hacia la Pascua, y nosotros caminamos hacia la luz.
"Le preguntaron otra vez: '¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?' Contestó: 'Ya os lo he dicho y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es que también vosotros queréis haceros discípulos suyos?'" (Jn 9,26-27).
Que el ejemplo del ciego sanado nos dé valentía para testimoniar nuestra fe sin miedo, y que María, la Madre de la Luz, nos acompañe en este camino hacia la Pascua.
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