SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DEL PUEYO
Автор: Dron Hervás
Загружено: 2026-02-20
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El Santuario de Nuestra Señora del Pueyo es uno de los lugares de culto y devoción más emblemáticos de la provincia de Zaragoza y un testigo arquitectónico y espiritual de la historia de Aragón. Situado sobre una loma a unos cuatro kilómetros del municipio de Belchite, este santuario domina el paisaje de la comarca y desde antiguo ha tenido una posición geográfica y estratégica clave, no solo por su visibilidad en el terreno abierto del Somontano, sino porque su emplazamiento privilegiado lo convirtió en un punto de referencia tanto espiritual como defensivo en épocas de conflicto y reconquista.
Las raíces del santuario se remontan a la edad media, concretamente al año 1101, apenas unos años después de la conquista de Barbastro por los cristianos, cuando según la tradición la Virgen se apareció a un pastor llamado Balandrán en este monte conocido como El Pueyo. Aquella aparición marcó el origen de la devoción y la construcción de una pequeña capilla en la cumbre, lugar donde empezaría una historia que se extendería por siglos.
Con el paso del tiempo aquella primera ermita se expandió y transformó. El primer documento histórico que menciona al santuario data de 1251, cuando Jaime I el Conquistador estableció una capellanía en El Pueyo, marco en el cual se edificaron y remodelaron estructuras de estilo románico que luego evolucionarían al gótico. Con el auge de la devoción y la importancia del lugar para los fieles de la región, el templo medieval fue objeto de ampliaciones y reformas continuas, que reflejan los estilos artísticos de cada época.
La construcción tal y como lo conocemos hoy tiene una impronta fundamental del Barroco aragonés. El edificio actual fue inaugurado el 25 de mayo de 1725 y presenta una planta de cruz griega inscrita en un cuadrado de veinte por veinte metros, con tres naves que convergen hacia un ábside semicircular, lo que le da una presencia monumental en medio del paisaje. La obra de este periodo también incorporó elementos arquitectónicos y decorativos barrocos que atrajeron la atención de peregrinos y estudiosos del arte.
En 1745, apenas dos décadas después de su inauguración, el santuario recibió el título de Basílica, un reconocimiento eclesiástico que subraya su importancia religiosa en la región y su valor como centro de culto mariano.
A lo largo de los siglos XIX y XX, el santuario también vivió momentos de tensión y transformación. Durante la desamortización de mediados del siglo XIX, el patrimonio asociado al templo fue subastado, lo que provocó una reacción colectiva de vecinos de Barbastro dispuestos a recuperar la posesión del lugar por su valor afectivo y espiritual. Más tarde, comunidades religiosas como los benedictinos se hicieron cargo del santuario y de sus edificios anexos, restaurando espacios y reforzando la vida espiritual del monasterio que creció alrededor de él.
No obstante, la historia del santuario también estuvo marcada por episodios de violencia, como los sufridos durante la Guerra Civil Española, cuando la iglesia sufrió daños importantes debido a los enfrentamientos que se desarrollaron en esta zona de Aragón, dada también su posición estratégica sobre una colina dominando el entorno.
La Torre Bielsa es un edificio singular situado en las proximidades de Barbastro, en pleno Somontano aragonés, y su historia está directamente vinculada a la explotación de agua mineral en la zona. Más allá de su nombre, que puede evocar una construcción defensiva medieval, en este caso hablamos de una edificación asociada a la captación, almacenamiento y embotellado de agua procedente de manantiales locales que, durante décadas, fueron considerados de gran calidad por sus características minerales.
La ubicación del edificio no era casual. Se encontraba en un entorno donde el subsuelo permitía la existencia de acuíferos y surgencias naturales, en una franja de transición entre la llanura del Somontano y las primeras elevaciones prepirenaicas. Este tipo de terreno favorece la filtración del agua a través de capas rocosas que actúan como filtro natural, enriqueciendo el agua con minerales y dotándola de unas propiedades muy valoradas en su momento. Precisamente de esa captación nació la comercialización del conocido “Agua de Chelsa”, nombre con el que se embotellaba y distribuía el producto.
Durante el auge del consumo de aguas minerales en España, especialmente entre finales del siglo XIX y buena parte del siglo XX, muchos manantiales fueron explotados industrialmente. La Torre Bielsa cumplía esa función: servía como punto central de extracción y procesamiento, convirtiéndose en un pequeño motor económico para la zona. El agua no solo abastecía a la población local, sino que se distribuía más allá del entorno inmediato, formando parte de esa tradición aragonesa de aguas minerales que tanta importancia tuvo en determinados periodos.
Arquitectónicamente, el edificio responde a una tipología funcional, más industrial que defensiva.
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