Irak 2004 Cuando los soldados españoles tuvieron que combatir para sobrevivir
Автор: Hechos Curiosos de la Historia
Загружено: 2026-01-11
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¿Misión humanitaria o guerra total? La verdad silenciada sobre la Batalla de Nayaf.
Bienvenidos a un capítulo de nuestra historia reciente que muchos prefirieron enterrar bajo capas de retórica política y silencio oficial. Durante años, se nos vendió una imagen idílica de la participación española en la invasión de Irak: soldados repartiendo mantas, reconstruyendo escuelas y garantizando la paz. Pero la realidad en el terreno, lejos de los despachos de Madrid, era una muy distinta. Una realidad de pólvora, sangre y un asedio que puso a prueba el valor de nuestros militares mientras sus líderes daban la espalda a la verdad.
En este vídeo desglosamos los sucesos del 4 de abril de 2004 en la ciudad sagrada de Nayaf. A menudo confundida con Faluya debido al caos informativo de la época, Nayaf fue el escenario del combate más intenso del Ejército Español en décadas. Todo comenzó con una mentira: la famosa foto de las Azores y la promesa de José María Aznar de que España intervenía para buscar armas de destrucción masiva. Hoy sabemos que aquellas armas nunca existieron y que la invasión fue, en realidad, una guerra de ocupación que el Gobierno intentó camuflar como una "misión humanitaria" para evitar el desgaste político ante una sociedad mayoritariamente opuesta al conflicto.
El 4 de abril, Domingo de Resurrección, la Base Al-Andalus se convirtió en el epicentro de un levantamiento masivo de la milicia chií del Ejército del Mahdi. No fue un hostigamiento menor; fue un ataque coordinado con fuego de mortero, francotiradores y granadas RPG que transformó el acuartelamiento español en una ratonera. En este relato, recuperamos la gesta heroica de los hombres de la Brigada Plus Ultra II y, especialmente, el rescate del Batallón Cuscatlán.
Soldados salvadoreños habían quedado atrapados en la cárcel de la ciudad, rodeados por cientos de insurgentes y a punto de agotarse su munición. Fue entonces cuando la épica militar se impuso a la ambigüedad política. Bajo el fuego cruzado, una columna de blindados BMR españoles salió al rescate. Destacamos la figura, a menudo olvidada, del Alférez David Arjona, quien junto a oficiales como el capitán Jacinto Guisado, lideró a sus hombres a través de calles estrechas convertidas en nidos de ametralladoras. Los españoles no solo dispararon; sostuvieron un combate urbano feroz, gastando más de 30.000 proyectiles en una sola jornada para salvar la vida de sus aliados.
A pesar de la magnitud de la batalla, con bajas insurgentes que se cuentan por decenas, el Gobierno mantuvo un silencio sepulcral. Se requisaron vídeos, se suavizaron los informes y se prohibió el uso de la palabra "combate". Se quería proteger la ficción de la "ayuda humanitaria" mientras los soldados limpiaban el hollín de sus vehículos. La retirada de las tropas poco después, en mayo de 2004, dejó una sensación de injusticia en el contingente: habían cumplido con su deber, pero sus propios gobernantes se avergonzaban de su valor.
Tuvieron que pasar ocho años para que el Estado admitiera la verdad de la forma más rotunda posible: a través de las medallas. El reconocimiento al coronel Alberto Asarta con la Cruz al Mérito Militar con Distintivo Rojo es la prueba irrefutable de lo que ocurrió. Esta condecoración, reservada exclusivamente para acciones de valor en combate frente al enemigo en condiciones de guerra real, echó por tierra definitivamente el relato oficial de Aznar y sus sucesores.
Acompáñanos en esta investigación donde ponemos nombres y apellidos a quienes estuvieron allí y analizamos por qué un país decidiría ocultar el heroísmo de sus propios soldados para salvar una narrativa política construida sobre una mentira.
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