Monólogo de Alsina: "Cuatro años resistiendo a Putin"
Автор: Onda Cero
Загружено: 2026-02-23
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El director de Más de uno ha destacado en su monólogo el 155 que le ha aplicado la dirección de Génova a María Guardióla para asegurase un pacto con Vox en Extremadura.
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Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Ocurrió un 24 de febrero, como hoy. Era 2022. Muy de mañana habían sonado las sirenas en Kiev alertando a la población del riesgo de ataque aéreo. Stepan Tarabalka, veintinueve años, piloto de la fuerza aérea ucraniana, subió a la cabina de su viejo Mig-29, avión de patente rusa, se puso la mascarilla de oxígeno, activó el motor y despegó al encuentro con el enemigo.
En las siguiente veinte horas, incansable, tomando tierra sólo para repostar, el mayor Tarabalka sorteó los misiles rusos, localizó sus aviones bombarderos y derribó, certero, al menos diez de ellos. Qué digo diez, puede que fueran veinte.
Primero, como un rumor; alguien conocía a alguien que le había contado de la portentosa hazaña. Después, como una noticia viralizada: el heroico aviador que había puesto en su sitio a los rusos. Se repetía, multiplicada, su hazaña. Él sólo había repelido a toda la fuerza aérea rusa. Pero nadie conocía su nombre. Era el héroe anónimo.
Pasaron varios días antes de que alguien publicara una foto de Stepan con su novia. Y luego, un vídeo de su Mig-29 en acción, surcando el aire de Ucrania. Y pasaron algunas semanas antes de que el Ejército informara de la caída en combate del mayor Tarabalka, medalla al honor a título póstumo, e informara también de que él no era el famoso fantasma de Kiev porque el fantasma en cuestión, en efecto, siempre fue eso: una sombra, una figura irreal, una suerte de leyenda construida sobre historias de aviadores heroicos de otras guerras y de decenas de militares ucranianos que, sin llegar a derribar cuarenta aviones en un solo día, sí habían sido capaces de arruinarle a Putin su sueño de conquistar Ucrania en una mañana.
El último, con Donald Trump en la Casa Blanca de nuevo, pìnchando en hueso con su cofrade Putin, presionando a Zelenski para que acepte la renuncia a una parte de su territorio y desairando a los gobiernos de la Unión Europea por la alianza económica y militar que, desde el primer día, han forjado con el gobierno de Ucrania; en la idea de que si Ucrania cae del lado ruso, las siguientes piezas en ser apetecidas por el imperio Putin serían bálticas.
Dos semanas después de aquel 24 de febrero pusieron pie en España las primeras mujeres ucranianas que, protegiendo a sus hijos y huyendo de la guerra, se llegaron hasta aquí con las pocas pertenencias que caben en un coche o en dos maletas. Emitimos este programa desde el centro de acogida de Pozuelo.
Un artículo 155 para Guardiola
Se citaba como una suerte de último recurso, a la desesperada, que nadie creía que llegara alguna vez a aplicarse porque sus consecuencias serían inciertas, quién sabe si hasta provocar el desmoronamiento del estado autonómico cuyo diseño (exhumado de la II República) fue piedra angular de la restauración democrática en España.
Luego pasó lo que pasó. Se aplicó el 155 para sofocar la insurrección de los Puigdemont, los Junqueras, las Forcadell, las Rovira, los Rufián, las instituciones catalanas se salvaron, el Estado democrático siguió su camino y el 155 se convirtió en lugar común para describir intervenciones del poder central en el poder autonómico.
No hace ni dos semanas dijo la ministra de Vivienda que de buena gana ella le aplicaría el 155 a Ayuso. Que, en realidad, ya se lo aplicó Illa cuando le declaró la alarma en la pandemia. Aplicarle el 155 a alguien hoy en sinónimo de apartarle para asumir sus competencias.
Y visto así, nada tiene de extraño que se hable, desde ayer, de Feijóo como el líder nacional que desde Madrid le ha aplicado el 155 a María Guardiola. Y a Jorge Azcón, aunque a éste un poco menos porque él es, más bien, coartada para diluir el desembarco de la armada genovesa en Mérida. Feijoo interviene la negociación (o lo que fuera) de Guardiola con Vox y Vox con Guardiola en vista de que la pareja de hecho no acaba de consumar y el gobierno de coalición no llega.
Ahora es Génova quien aprieta para que el encamamiento se produzca cuanto antes y para toda la legislatura. Qué menos que cuatro años de fraternal convivencia después de haber predicado que en soledad se gobierna mucho mejor que acompañado. Es sabido que el nuevo estribillo del PP es que los electores le han dado un mandato. El mandato de repartirse el gobierno con Abascal. Por eso Génova ha alumbrado un documento al que le ha puesto un título bien preciso: 'Documento marco para ordenar acuerdos'. No sé si se entiende, Guardiola, es una orden.
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