EL LIBRO DE JOSUE CAPITULO 15
Автор: RMA
Загружено: 2026-02-16
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EL LIBRO DE JOSUE CAPITULO 15
Cuando llegó el momento de repartir la tierra entre las tribus de Israel, el proceso no fue apresurado ni desordenado. No se trataba simplemente de dividir territorios como quien reparte una herencia común.
Aquella tierra tenía un significado espiritual profundo: era la promesa hecha siglos atrás a Abraham, confirmada a Isaac, repetida a Jacob, y sostenida durante generaciones enteras. Ahora, por fin, esa promesa comenzaba a tomar forma visible.
La tribu de Judá recibió su heredad mediante sorteo, conforme al mandato del Señor. No fue una elección humana, sino una decisión sagrada. Así, el territorio asignado a Judá se extendía hacia el sur, hasta el desierto que
bordeaba Edom, llegando incluso a las regiones más secas y ásperas del Néguev. Aquella extensión no era solamente un lugar fértil: incluía también tierras duras, colinas rocosas, valles, ciudades fortificadas y fronteras expuestas. La herencia no era solo bendición cómoda, sino responsabilidad y desafío.
Los límites de Judá fueron descritos con precisión: desde la bahía salada al extremo del mar del sur, ascendiendo hacia el desierto de Zin, pasando por zonas montañosas y descendiendo hacia los valles. Cada frontera era mencionada con detalle, como si el texto quisiera dejar claro que aquella tierra no era imaginaria ni simbólica, sino real, concreta y delimitada. Dios no prometía sueños vagos, sino una herencia tangible.
Entre los descendientes de Judá se encontraba Caleb, hijo de Jefone, uno de los hombres más notables de Israel. Su nombre estaba asociado con la fidelidad. Cuarenta y cinco años antes, cuando Moisés envió a los doce espías a reconocer la tierra,
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