La hilandera, poema de Andrés Eloy Blanco. Declama Gabriel Alexander Garrido.
Автор: La Taberna Poética
Загружено: 2019-05-19
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El poema invita a la reflexión: el mundo puede verse como un lugar donde abunda la maldad, o en el que habita el bien; cada quien lo ve a su manera. El hombre del poema es cada uno de nosotros en los momentos críticos, en los que las dificultades nos abruman; entonces, bien quisiéramos una venda que nos alejase de aquellos problemas que nos perturban, puesta a nosotros por una mano amiga. Más alejarnos por completo de los males del mundo no es una solución a largo plazo. La vida nos obliga a encararlos; y al hacer esto, a menudo podemos percibir las bondades de la vida y la belleza del mundo en que vivimos. El amor que nace al final entre el hombre y la hilandera es una luz de esperanza para todos los que sueñan con un mundo mejor para todos.
Declama Gabriel Alexander Garrido desde La Universidad de Mississippi.
La música de fondo es una variación del tema original "Arms of Heaven" de Aakash Gandhi.
==La hilandera==
Dijo el hombre a la Hilandera:
a la puerta de su casa:
—Hilandera, estoy cansado,
dejé la piel en las zarzas,
tengo sangradas las manos,
tengo sangradas las plantas,
en cada piedra caliente
dejé un retazo del alma,
tengo hambre, tengo fiebre,
tengo sed..., la vida es mala...
y contestó la Hilandera:
—Pasa.
Dijo el hombre a la Hilandera
en el patio de su casa:
—Hilandera estoy cansado,
tengo sed, la vida es mala;
ya no me queda una senda
donde no encuentre una zarza.
Hila una venda, Hilandera,
hila una venda tan larga
que no te quede más lino;
ponme la venda en la cara,
cúbreme tanto los ojos
que ya no pueda ver nada,
que no se vea en la noche
ni un rayo de vida mala.
Y contestó la Hilandera:
—Aguarda.
Hiló tanto la Hilandera
que las manos le sangraban.
Y se pintaba de sangre
la larga venda que hilaba.
Ya no le quedó más lino
y la venda roja y blanca
puso en los ojos del hombre,
que ya no pudo ver nada...
Pero, después de unos días,
el hombre le preguntaba:
—¿Dónde te fuiste, Hilandera,
que ni siquiera me hablas?
¿Qué hacías en estos días,
qué hacías y dónde estabas?
Y contestó la Hilandera:
—Hilaba.
Y un día vio la Hilandera
que el hombre ciego lloraba;
ya estaba la espesa venda
atravesada de lágrimas,
una gota cristalina
de cada ojo manaba.
Y el hombre dijo:
—Hilandera,
¡te estoy mirando a la cara!
¡Qué bien se ve todo el mundo
por el cristal de las lágrimas!
Los caminos están frescos,
los campos verdes de agua;
hay un iris en las cosas,
que me las llena de gracia.
La vida es buena, Hilandera,
la vida no tiene zarzas;
¡quítame la larga venda
que me pusiste en la cara!
Y ella le quitó la venda
y la Hilandera lloraba
y se estuvieron mirando
por el cristal de las lágrimas
y el amor, entre sus ojos,
hilaba...
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