Los Mansos (2005)
Автор: Alejandro Rafael Tantanian
Загружено: 2020-03-19
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Описание:
Los Mansos
de Alejandro Tantanian sobre motivos de El idiota de Fedor Dostoievski.
con
Nastasia Filipovna Barashkov
Stella Galazzi
luego María Inés Sancerni
luego Mirta Bogdasarian
Lev Nikolaievitch Myshkin, príncipe
Nahuel Pérez Biscayart
Parfion Semionovitch Rogojin, pretendiente de Nastasia Filipovna
Luciano Suardi
luego Ciro Zorzoli
Prensa
Simkin & Franco
Diseño gráfico
Gonzalo Martínez
Fotografías
Ernesto Donegana
Realización de video
Turko González
Martín Facundo Gómez
Asistencia de producción & dirección
Martín Tufró
Iluminación
Jorge Pastorino
Escenografía & vestuario
Oria Puppo
Texto, musicalización & dirección
Alejandro Tantanian
Los Mansos cuenta con el apoyo del Siemens Arts Program, Alemania.
Duración: 77 minutos
Estreno: 7 de agosto de 2005 inaugurando una sala especialmente reacondicionada por la compañía de Los Mansos en el Teatro Camarín de las Musas, Buenos Aires, Argentina
Presentaciones posteriores:
Temporada 2006 y 2007 en la misma sala.
Presentaciones internacionales:
2007: Festival Riocena Contemporánea, Rio de Janeiro, Brasil
2008: Festival Theaterformen, Braunschweig, Alemania
SOBRE LOS MANSOS
La historia de mi familia forma parte del entramado de este espectáculo. Y la biografía (propia y de los actores) son el hilo invisible que une las cuentas del collar. Así, entonces, Los Mansos.
La historia de mi familia
Mi familia (materna) deja Rusia en 1941, abandona su patria dejando atrás su historia. Mi familia sigue al frente alemán, abandona Rusia odiando Rusia, viven cinco años en Stuttgart: y de ese lugar mi madre conserva (aún hoy, claro) los recuerdos más felices de su infancia (durante la mía oí a mi madre hablar de un paraíso perdido cuyo nombre era demasiado difícil de aprender para un niño argentino).
Después de aquellos cinco años en Stuttgart mis abuelos y mi madre viven en Heidelberg, en Francia luego, aquí, allá: buscan a un pariente perdido; caminan el mundo para encontrarlo: el hijo de la hermana de mi abuela (su sobrino) había abandonado el frente y había desaparecido.
Mi abuela recibe buenas noticias: su sobrino está vivo, sí, en América del Sur: dejan Europa en 1949 y llegan al puerto de Buenos Aires en 1950: lo buscan, todavía.
Un día mi abuela lo encuentra por casualidad en una calle de Buenos Aires (dos años después de haber llegado y cuando la certeza de haberlo perdido se había instalado definitivamente).
La historia entera de mi familia cambia en ese preciso momento: supieron abandonar su tierra para enfrentar un enorme desafío que parecía perdido para siempre, pero aquel encuentro inesperado reordena el pasado y construye el presente.
El vínculo con la tierra perdida renace.
Ellos deciden olvidar que habitan un lejano país de América del Sur: viven desde entonces en una tierra inexistente: un lugar construido por sus recuerdos y donde el ruso parece ser el único idioma. Ellos reconstruyen Rusia aquí, en Buenos Aires. Abren sus puertas a otras personas en el exilio. Y en una de aquellas reuniones de puertas abiertas mi madre conoce a mi padre (hijo de armenios, como ella).
Mi padre nació en Buenos Aires y no supo una sola palabra de ruso y - seamos piadosos con su memoria - sólo dos docenas de palabras armenias. Pero se enamoraron y se casaron.
Mi madre guardó desde entonces su idioma y su historia: lo compartió con nadie. Pasa el tiempo y nazco “yo”.
Yo no heredé el idioma.
Mi madre me habló sólo castellano, cerró las puertas de su pasado. Pero la casa de mis abuelos estaba llena de esos aromas perdidos. Dostoievski era parte de eso.
Mi abuelo (el padre de mi madre) murió primero, después mi padre y hace un año, mi abuela.
Yo reabro aquellas puertas ahora y – asistido por las historias que mi abuela tuvo la sabiduría de narrarme seis meses antes de su muerte - construyo este trabajo.
Son éstas, entonces, algunas de las líneas que sostienen Los Mansos.
Otras son: el doble o el espejo; una botella de vodka; un idioma perdido; algunos laberintos de la memoria; un bolsillo lleno de caramelos; la guerra; Rusia y después Alemania y después Argentina y Alemania otra vez y - como no hay Rusia hoy -: la construcción de Rusia; mis demonios; un “yo” que habla con otro “yo”; algunas ideas dando a luz algunos cuerpos; un árbol de voces; un cuento sobre Cristo que nunca se contó; una casa en Argentina y una sopa rusa hecha con porotos rojos.
Alejandro Tantanian
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