Reclamo de Perdiz Roja | El primer lance de Nelson.
Автор: Mundo Cinegético
Загружено: 2026-01-05
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Описание:
Este fue el primer puesto que le dimos a Nelson, y además tuvo un significado especial. Fue un regalo de Nelson, recibido el día antes de que se cerrara la temporada. Él no tenía tiempo para sacarlo al campo y me lo entregó diciéndome que era el que menos había cazado, ya que tenía otros que, según él, eran mejores.
No sabría deciros cuántos celos tiene, pero en este mundo ya sabemos que muchas veces los regalos no suelen ser gran cosa o vienen con trampa. Sin embargo, este regalo, la verdad, me sorprendió.
Independientemente de cómo lo haga el pajarillo, por lo menos pone empeño. En este primer puesto estuvo una hora y treinta minutos de reloj cantando sin parar y nos regalo el recurso de "titeo" durante 2 minutos aproximadamente.
Lamento mucho las interferencias que puedan escucharse en la grabación, ya que en el puesto a veces no llegaba bien la señal de los auriculares, lo que provoca cierta distorsión. Además, los niveles estaban mal regulados, porque el pájaro canta más alto de lo que la grabadora puede soportar.
Ahora toca ver qué nos dice este año… 🪶🎶
RECLAMO PERDIZ MACHO perfecto para incitar a nuestros pájaros que empiecen a cantar.
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Descripción
La perdiz roja fue nombrada y descrita como Alectoris rufa por el científico, naturalista, botánico y zoólogo sueco Carlos Linneo en 1758. Linneo se fijó en el fuerte color rojo sangre del cerco de sus ojos y de sus patas y pico para bautizarla como rufa, derivado del latín rufus y que significa: aquella que tiene pelo rojo.
Como todo el género Alectoris, la perdiz roja es un ave galliforme de la familia de los Faisánidos (Phasianidae).
Su pinturero plumaje viste un cuerpo robusto y rechoncho, siendo el fiel espejo del ambiente sacrificado y austero de nuestros campos mediterráneos. Se cubre desde la cabeza a la cola con una capa parda rojiza del color de la tierra mojada que deja al descubierto un collar negro punteado, haciéndose más intenso debajo de su blanca garganta y que se pierde salpicado por su pechuga, azul grisácea como una nublada tarde de otoño. Desde la parte inferior de la pechuga hasta la corta cola, pasando por entre las patas, luce un plumaje de marcado color ocre tostado, como si las espigas secas de los campos dorados de cereal pintasen sus bajos al aterrizar su estrepitoso y sonoro revuelo. En reposo o a peón, se aprecia en sus costados un dibujo atigrado de tonos castaños, blancos, azulados y negros. Una sola de estas plumas sobra para delatar e identificar a nuestra patirroja. En la cabeza luce un antifaz negro que nace en la comisura del pico y se funde con su collar, definiendo una bien contorneada garganta blanca. Destaca sobre los ojos y hasta la nuca, bordeando el pico, una expresiva franja blanca que hace contraste con su negro antifaz y se pierde fundiéndose con el marrón grisáceo de su capirote. El pico, corto y contundente, así como las patas y los párpados, lucen un llamativo rojo púrpura que le da sentido a su nombre, rufa.
El macho se diferencia ligeramente de la hembra por su mayor tamaño y cabeza prominente. En las patas aparece un espolón que crece y se encalla con la edad. Las hembras viejas también pueden presentar este espolón, conocidas por ello como “machorras”. Además, cuando están en plena jácara se les eriza las plumas cobrizas de la cabeza y nuca, adquiriendo mayor volumen y vigorosidad. Si nos fijamos en el cante, sólo el macho piñonea, llamada típica de pelea entre perdigones. También lo podemos distinguir rápidamente de la perdiz al alzar el vuelo, pues siempre el posesivo macho esperará a que su compañera levante el vuelo para seguirla y así poder controlarla desde atrás.
Reproducción
El verdadero celo de la patirroja comienza con la entrada de la primavera, salvo en zonas más calientes donde puede adelantarse algo. Por esta época, las parejas tienen ya establecido su territorio y desaparece la violenta competencia por la hembra, teniendo entonces lugar la cópula.
Podemos distinguir entonces entre dos fases: el precelo, y el celo. En el precelo, que va desde mediados de enero hasta marzo, los machos se disputan en importantes y espectaculares peleas a la hembra. El celo sucede al pre-celo y en esta fase desaparecen las disputas entre machos; el macho, sin rival, cubre a su hembra.
A las puertas de mayo construyen el nido, en el suelo entre algún matorral limpio, al pie de alguna carrasca, en lo sucio de un barbecho o al abrigo de la siembra, allá donde encuentren cobijo y refugio.
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