Los “trapos sucios” de Land Rover
Автор: Garaje Hermético
Загружено: 2026-02-24
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"Si quieres ir al desierto, compra un Land Rover. Si quieres volver, compra un Toyota". Esta frase, que durante décadas ha circulado entre mecánicos, militares y exploradores en los rincones más inhóspitos de África y Australia, no es solo un chiste de barra de bar. Es la síntesis de una realidad que la marca británica ha intentado camuflar bajo capas de cuero premium, madera de nogal y una imagen de prestigio ligada a la Familia Real británica.
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/ @garajehermético
Bienvenidos a una nueva entrega de nuestra serie “lo que las marcas no quieren que sepas”. Hoy vamos a desgranar los "trapos sucios" de Land Rover, una marca que parece haber perfeccionado el arte del "Síndrome de Estocolmo": te maltrata, te vacía la cuenta corriente, te deja tirado en la cuneta... pero la limpias, la miras y te vuelves a enamorar.
1. El Defender y la "Ergonomía del Potro de Tortura"
Empecemos por el icono, el Defender clásico. Diseñado originalmente en 1948 para que un granjero pudiera llevar una oveja en el asiento del copiloto, su ergonomía ha permanecido casi inalterada durante casi 70 años.
El problema no es solo que el volante esté descentrado respecto al asiento; es que el espacio para el conductor es inexistente. El asiento está tan pegado a la puerta que, si no conduces con la ventanilla bajada y el codo fuera, tu brazo izquierdo quedará atrapado contra tu propio costillar.
2. La Maldición de Lucas: "El Príncipe de las Tinieblas"
Para entender los clásicos de la marca, hay que conocer a su proveedor eléctrico: Joseph Lucas. Durante décadas, el sistema eléctrico de estos coches fue el hazmerreír de la industria. Existe un chiste recurrente que pregunta: "¿Por qué los ingleses beben la cerveza caliente? Porque Lucas fabrica sus neveras".
3. El Range Rover P38 y el "Cerebro Mojado"
En 1994, Land Rover intentó dar un salto tecnológico con la segunda generación del Range Rover, el P38. Fue un desastre de proporciones bíblicas. Fue su primer coche gestionado totalmente por electrónica, pero con tecnología inmadura.
4. El Freelander 1: El motor "Sándwich" y la IRD
A finales de los 90, el Freelander fue un éxito de ventas, pero bajo el capó escondía el motor 1.8 gasolina Serie K. Este motor estaba construido por capas apretadas con pernos larguísimos que atravesaban todo el bloque. El problema es que los pernos se estiraban con el calor y las guías de la culata eran de plástico.
5. Los "Tres Amigos" del Discovery 2
Si tienes un Discovery 2, conoces a los "Tres Amigos". No son tus compañeros de rutas, sino tres luces amarillas (TC, HDC y ABS) que se encienden simultáneamente en el cuadro de mandos. Cuando esto ocurre, todas las ayudas electrónicas desaparecen.
6. La Caja de Cristal del Range Rover L322
En la era BMW, el Range Rover L322 era el epítome del lujo. Sin embargo, equipaba una caja de cambios de General Motors diseñada para coches mucho más ligeros. Land Rover cometió el error de afirmar que el aceite de la caja era “de por vida” (sealed for life). Como nada es eterno, hacia los 130.000 km la caja solía colapsar, desintegrando los discos de embrague o haciendo explotar el convertidor de par. Una factura de 4.000 euros esperaba siempre a la vuelta de la esquina.
7. La Ruleta Rusa del Cigüeñal (TDV6 y SDV6)
Bajo el mandato de Ford, los Discovery 3 y 4 montaron los motores V6 diésel desarrollados con Peugeot/Citroën. Estos motores esconden un defecto oscuro y letal: debido a un fallo en los casquillos de bancada y la lubricación, el cigüeñal sufre fatiga de metal y se parte físicamente en dos. No hay aviso previo, no hay luz de aceite.
8. El Infierno del "Body Off"
Para colmo, Land Rover diseñó sus coches modernos (Discovery 3/4 y Range Sport) de forma que el vano motor está tan apretado que casi cualquier reparación "sencilla" requiere separar la carrocería del chasis. ¿Quieres cambiar los turbos o la bomba de aceite? Paso 1: Levantar la cabina entera.
9. Los motores Ingenium y la Cadena "Tímida"
En la actualidad, bajo Tata Motors, los problemas no han desaparecido. Los motores Ingenium diésel de 2.0 litros tienen la cadena de distribución en la parte trasera, pegada a la caja de cambios. Si la cadena se estira (un fallo común), hay que sacar el motor entero para cambiarla. Además, sufren de dilución de aceite: el gasoil extra inyectado para limpiar el filtro de partículas termina en el cárter, degradando el aceite y provocando la rotura prematura de turbos y casquillos.
Conclusión
¿Odio a Land Rover? En absoluto. Me encantan. Un Land Rover tiene algo que un Toyota o un Mitsubishi jamás tendrán: carisma. Cuando funcionan, son los mejores coches del mundo. Pero no son para todo el mundo. Son coches para quienes entienden que la excelencia y el lujo británico requieren un sacrificio constante.
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